Los datos oficiales señalan que Colombia ha completado ya ocho años de crecimiento positivo de acuerdo a los criterios convencionales de tendencia de mejoramiento en el empleo, la inversión en capital y la productividad. Hay un mayor número de ocupados, se ha duplicado la inversión en capital desde los 90 y hay un promedio de 2% anual de crecimiento de la economía en términos de productividad.

En cuanto al presupuesto nacional y su relación con la descentralización, cabe señalar que para el 2008 dicho presupuesto fue calculado en 125 billones, 715 millones de pesos (9% más que en el 2007), financiado por Ingresos Corrientes de la Nación ($ 66.2 billones, 53%), Recursos de Capital ($ 46.4 billones, 37%), Fondos Especiales ($ 3.9 billones, 3%); y Rentas Parafiscales ($ 732 mil millones de pesos, 0.6%). De ese monto total se destina para funcionamiento $ 65.09 billones (52%), 15 % más que el 2007, el pago del servicio de la deuda, $ 39.3 billones (31.3%); y en inversión $ 21.3 billones, equivalente al 17% del total, cálculo elaborado por el Departamento Nacional de Planeación y denominado “presupuesto regionalizado”, distribuido entre todas las regiones en función de criterios de población, necesidades básicas insatisfechas (NBI) y resultados fiscales y administrativos departamentales. Dicho monto se distribuyó porcentualmente en: 24 % para protección social, 20 % para defensa y seguridad, 10.9% para transporte, entre otros rubros. Los gastos en inversión se han incrementado 26% en relación al 2007.

Una lectura del presupuesto del 2008 muestra que los gastos de funcionamiento y el servicio de la deuda absorben el 83 %, quedando solo un 17% en recursos para inversión, considerados insuficientes para encarar los enormes desafíos del desarrollo de manera descentralizada. Solo el pago del servicio de la deuda asciende a más del 30% del total de gastos. En otras palabras, por cada 100 pesos que se recauden, 31 de ellos sirvieron durante el 2008 para el pago de la deuda pública externa e interna.

Otra lectura complementaria de sectores políticos de oposición y analistas de sociedad civil resalta que la nueva propuesta presidencial avalada por la mayoría del Congreso triplica los recursos en defensa y seguridad (de 1.2 billones de pesos en 2007 a 3.6 billones de pesos en 2008), lo que se combina con una política social asistencialista y populista (que pasó de 1 billón 427.544 millones de pesos en 2007 a 1 billón 650.868 millones de pesos en 2008), con lo que se pretendería afianzar el modelo de gestión económica y política gubernamental actual sustentada en su alianza con el Gobierno Norteamericano para el combate frontal al narcotráfico y el terrorismo, en la mayor presencia del Estado en todo el país y en la búsqueda de mejoras sociales subsidiadas a los sectores menos favorecidos, principalmente a los desplazados por la violencia. Cabe señalar que el conjunto de lo presupuestado para protección social, superó los 5 billones.

A pesar de no significar recursos suficientes para atender las demandas prioritarias de la población, los datos alertaron de un déficit del Gobierno Nacional de 3,3 por ciento del PBI y del incremento en gastos de inversión financiados con impuestos temporales y endeudamiento, medidas no sostenibles a mediano plazo.

Un tema que preocupa a diversas instituciones sociales es el uso del presupuesto del 2008 en el componente social, para distribuir más de 3.5 billones de pesos mediante cheques a los llamados consejos comunales, una nueva estructura de organización social promovida por la Presidencia de la República y atendidas desde el Ministerio de la Protección Social. Se cuestionan también otros gastos sociales supuestamente orientados a las negociaciones con caudillos políticos regionales y locales así como para favorecer alianzas con sectores empresariales.

En relación a la calidad de la gestión subnacional la información oficial señala que según la evaluación del desempeño fiscal 2007 e inicios del 2008, han sido 803 municipios mejoraron su calificación frente a 640 en 2006, permitiendo una orientación de los recursos al incremento de la inversión social territorial y gracias al equilibrio fiscal y racionalidad en las finanzas (Dirección Nacional de Planeación, DNP). En ese mismo escenario favorable, Las gobiernos subnacionales aumentaron su recaudación en un $1 billón de pesos y sus inversiones en 4.9 billones de pesos.

Desde otra lectura de las estadísticas, 1.060 de 1.100 municipios se encuentran entre las categorías de 4ª a 6ª, es decir de poca población y muy pocos Ingresos Corrientes de Libre Destinación (ICLD), en un cuadro de mantención de la gran inequidad regional que complica la situación de los pequeños municipios. Es así que Bogotá y unas 40 ciudades concentran el 82% del recaudo tributario municipal y solo Bogotá recauda más del 50% del impuesto de industria y comercio del país, sumado a otros 10 municipios que recaudan el 27% (como Medellín, Cali y Barranquilla).

Un aspecto importante a mencionar en este año es la modificación al manejo del Sistema General de Participación, es decir las transferencias en relación a los servicios de agua potable y saneamiento básico, estableciendo criterios de acreditación y de correctivos en el caso de que los Gobiernos Locales no cumplan con sus compromisos, trasladando los mismos a los Departamentos. Si bien es cierto hay que contar siempre con mecanismos de ajuste en los procesos de transferencias, mas aun si se trata de temas tan sensibles como el agua potable también es muy cierto que se deberían abordar como parte de un proceso más articulado entre los tres niveles de Gobierno y como parte de un plan sostenido de desarrollo de capacidades. Pareciera que esto último se intenta hacer para apoyar a los Municipios que estarían perdiendo su acreditación, aunque aún quedan las dudas si se trata simplemente de medidas de corte populista del Gobierno Nacional.

Esta última apreciación sobre las prácticas gubernamentales se presenta también en el caso de la conformación de los Consejos Comunales, como iniciativa directa de la Presidencia de la República para convocar a la población en base al ofrecimiento de financiamiento de nuevas obras, involucrando a las autoridades municipales y departamentales, aun cuando por el señalamiento de éstas muchas de esas iniciativas no forman parte de procesos de planificación local previamente definidos.

Otras iniciativas de participación relacionadas con las Veedurías, Rendición de Cuentas y consultas ciudadanas se mantienen vigentes aunque pareciera que el 2008 no ha sido el mejor año para promover más activamente estos instrumentos para garantizar una mayor movilización de la población en torno a demandas descentralistas.

Simultáneamente se han ido diseñando y poniendo en práctica diversos mecanismos de transparencia y acceso a la información que si son bien potenciados pueden formar sustancial del conjunto de otros medios con que Colombia cuenta para ejercitar el derecho ciudadano a conocer, opinar y decidir.

Respecto a las acciones de desarrollo de capacidades, es importante mencionar que se cuenta formalmente con un instrumento de formación (“Construcción participativa de lineamientos para redimensionar la política estatal de formación y capacitación para los empleados públicos: perspectiva de la educación no formal e informal”) cuya implementación desde el 2008 en adelante debería contribuir a la generación de condiciones para consolidar la descentralización en Colombia. Dependerá en mucho de los diversos actores subnacionales que ello suceda. Simultáneamente, tanto la Federación Colombiana de Municipios como desde los Departamentos y las organizaciones y proyectos de la sociedad civil se ha continuado con diversas iniciativas de formación e intercambio, que han ampliado las alianzas de los Gobiernos Subnacionales como el de educación, salud, turismo, así como afirmado la preocupación por incorporar el enfoque de género en un conjunto de actividades.

Hay que señalar como preocupación que se evidencia una débil coordinación intergubernamental entre los tres niveles, a no ser por la iniciativa del Gobierno Nacional de convocar a las autoridades municipales y departamentales para los planes que la Presidencia posee, más que para concertar propuestas articuladas. Los mecanismos de asociacionismo municipal si bien han estado presentes pareciera que no han priorizado estos espacios de negociación y coordinación.


 
     
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